
Tengo que tener presente esta frase de Nietzsche muchas de las veces que voy al teatro. Cuando algo muy recomendado me deja fuera o me parece justo lo contrario de lo que a la mayoría de la gente, me pregunto si seré yo la equivocada. Obras que me resultan aburridas por inconsistentes, o vacías por lo panfletarias, o zonzas en su crítica a la zoncés. Me produce sensación de aislamiento estar presente en un teatro donde la gente aplaude a rabiar lo que me resulta obvio y miro azorada sus carcajadas sobre lo que creo poco gracioso. O cuando SIEMPRE un actor que es bueno es bien criticado por la inercia de su historia. Es cierto que hay mucha complacencia y poca mirada crítica especialmente hacia ciertos especímenes del teatro. También lo es que no es fácil hacer una buena obra, mucho menos un éxito y que la inversión y el trabajo de muchos debería bastar para apoyar las iniciativas culturales. ¡Pero cómo se me hace de díficil ir con la corriente muchas veces! Entonces es donde me digo a mi misma: "Veo otra cosa, aunque quede mal decirlo, aunque nadie lo pueda escuchar. Es mi visión y contra eso no puedo ir" Lo único que me queda es mirar dos veces y preguntarme sin simpleza cómo lo hacen.